EMPRESAS ARRIESGADAS

EMPRESAS ARRIESGADAS

La sociedad está cambiando

Hemos querido hacernos eco de una noticia publicada que transmite el día a día en una planta de recicl​aje de chatarras y metales y solidarizarnos con el caso .

clases de empresas arriesgadas24 Horas «Fuera» del Gallinero

– 4:00 am

El teléfono sonaba en la mesilla, Juan se despertó de un salto. Algo malo había pasado. Nadie llama a estas horas si no es por algo malo.– Dígame… ¿otra vez?… ¡voy para allá!-.
La mujer de Juan con voz somnolienta le preguntó quién era y qué quería.–Son los de la empresa de seguridad, ha saltado la alarma de la nave. Han vuelto a entrar a robar. 
Juan se vistió a toda prisa. Una mezcla de enfado y frustración le invadía por momentos.
¡Ya iban 3 veces este mes!. A saber qué habrían robado esta vez y, sobre todo, qué habrían roto para robar.

– 5:00 am

Al llegar al almacén era aún de noche. Por el camino había llamado a la Guardia Civil y coincidió con ellos en la puerta del almacén. El sargento le miró con una mirada lánguida que transmitía frustración y una expresión que venía a mostrar un cierto punto de rabia. ¡Otra vez!, le dijo. –Veamos qué han hecho esta vez

Ambos entraron en la campa y al doblar la esquina de las oficinas vieron una carretilla elevadora empotrada marcha atrás en el portón que cerraba la nave.

Los ladrones habían golpeado una y otra vez la puerta hasta que ésta había ido cediendo y se había salido parcialmente de su guía en una esquina. Dado que la puerta no podía moverse entraron en la nave de metales a través del hueco dejado por la carretilla. Había una total oscuridad pues aún no había amanecido. Juan fue al cuadro eléctrico y subió los automáticos. La luz mostró la escena. Se habían llevado los inducidos de uno de los contenedores pequeños, todos los cables procesados, los tubos de cobre empaquetados y 2 big bag de virutas de latón de una empresa en la que Juan gestionaba los resid​uos.

En ese momento llegó el encargado al que Juan había llamado de camino a la planta. Llegaba corriendo y con la cara desencajada: -¡Se han llevado el camión, se han llevado el camión!. Juan hasta ese momento no se había fijado en que el camión no estaba en su sitio. No solo le habían robado, sino que además habían utilizado su propia maquinaria para hacerlo.

– 8:00 am

Poco a poco fueron llegando los trabajadores. Juan les indicó que tratasen de poner en orden la nave y volviesen a su actividad cotidiana. Él mientras tanto tenía que llamar al seguro. El camión probablemente lo cubriría y tal vez la puerta también, pero lo que era seguro es que el material robado no lo iban a cubrir. Ya se lo dijo el de la aseguradora después del último robo. –¡Así quién va a llevar un negocio honrado adelante!-, pensó Juan

– 10:00 am

Está aquí la Guardia Civil- dijo el encargado. -¿Otra vez?– pensó Juan, – A ver si es que han cogido a los ladrones, sería la primera vez -. Una cierta sensación de esperanza le envolvió al tener este pensamiento. Por desgracia al llegar al patio lo que vio fue el Patrol del Seprona, los de medio ambiente, era la Guardia Civil, pero no la del robo. Un poco abatido por la desilusión, le preguntó a uno de los agentes:- Buenos días, qué desean–. –Estamos haciendo una inspección rutinaria a todas las plantas de chatarra de nuestro listado, nada importante. Si no le importa nos gustaría dar una vuelta-. Obviamente Juan no puso ninguna objeción. Tenía la ISO 14000, los títulos de gestor en regla y se había gastado más de 3 millones de euros en los 5 últimos años en adecuar sus instalaciones a todas las normativas.

Al pasar junto a la zona donde solía estar aparcado el camión que habían robado esa noche el agente del Seprona preguntó por un charco de aceite que había en el suelo. Se ve que los ladrones al hacer el puente al camión habían debido de soltar algún la-tiguillo del motor. Juan le explicó que ahí solía aparcar el camión con el que recogían en los talleres y empresas en las que tenían contenedores y que habría tenido alguna fuga. El agente cogió su carpeta y le comunicó que se trataba de un vertido ilegal que contravenía la legislación vigente y que iba a tener que levantar un acta al respecto. Juan intentó en vano explicar lo que había sucedido pero el guardia civil no le escuchaba ya que estaba muy concentrado rellenando el parte por la agresión medio- ambiental que había descubierto. – Entre 6.000 y 60.000€ – le dijo el agente del Seprona al darle su copia del acta de inspección.

– 13:00 pm

A medio día le llamó el comercial de la siderurgia a la que le entregaba la chatarra férrica que cizallaban. Había bajado 40 € la chatarra. Juan preguntó desde cuándo se aplicaba la bajada. El director comercial con un tono un tanto sarcástico le dijo: – desde ayer- Eso quería decir que todo el material que había comprado la semana anterior para meterlo dentro del pedido de 1.000 toneladas que tenía con la fundición lo había comprado a más precio que el que le iban a dar por el material una vez procesado. Estaba claro que hoy no iba a ser un buen día.

– 17:00 pm

El encargado entró en su despacho. Venía con el brazo en cabestrillo. – ¡Qué te ha pasado!. Le contó que al intentar sacar la carretilla de la puerta se había hecho un corte en el brazo. Uno de los perfiles de la puerta se había desprendido al mover la carretilla con tan mala suerte que le había golpeado el brazo haciéndole un corte. Por suerte llevaba el mono y guantes reglamentarios y eso había hecho que la cosa no fuese peor. Afortunadamente no había llegado al tendón. No obstante en Asepeyo le habían dado la baja y le habían dicho que por lo menos tendría para 2 meses. Juan supuso que en dos días tendría a los inspectores de trabajo en la planta. Se ve que la tenían tomada con él. Él se preocupaba mucho por la prevención de riesgos y de hecho tenía pocos accidentes, pero no fallaba, cada vez que había un accidente le hacían una inspección y normalmente intentaban ponerle una sanción.

– 21:00 pm

Juan se fue a casa. Estaba agotado tanto física como psicológicamente. Su mujer le recibió con un abrazo, le había preparado una sopa caliente y le animó a que se fuese a dormir. Lo necesitaba .Además quién le decía que a las 3 o las 4 de la mañana no iba a volver a sonar el teléfono.

A medida que se iba quedando dormido Juan musitó: -… lo mejor sería mandarlo todo a la porra y montar una campa ilegal en el Gallinero…- luego se quedó dormido

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