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LA COMPETENCIA PARASITARIA

La competencia es la situación en la que los agentes económicos (proveedores, empresas y clientes) operan en el mercado eligiendo libremente.

Bien entendida, la competencia permite mostrar y aplicar todos los conocimientos, habilidades, pensamientos, valores y carácter de que dispongamos en bien de nuestras transacciones.

En contra de la competencia lícita surgen una serie de empresas o competidores que no respetan el libre mercado y realizan prácticas de competencia desleal. No respetan la buena fe comercial, los usos honestos en materia industrial o comercial afectando a la libertad de decisión de proveedores y clientes y a la operativa de funcionamiento de mercado.

En el grupo de estas empresas que actúan dentro de un marco de competencia desleal queremos centrarnos en la competencia parasitaria en el reciclaje de chatarra.

Ante el esfuerzo de empresas pioneras, con espíritu innovador que día tras día forman a sus trabajadores en el conocimiento de los metales, les transmiten conocimientos de operativa y administración interna para la gestión de un almacén de recuperación, y luchan por progresar estableciendo metas y objetivos, reforzando sus fortalezas e intentando mejorar en sus debilidades, surgen “parásitos” a su alrededor.

Entendemos por parásitos a sujetos que deciden dirigir sus limitados quehaceres a intentar imitar a una empresa que le sirve de referente. Viven obsesionadas con alcanzarla, se dedican a robar sus ideas, sus colores, su imagen de marca, copian su forma de hacer empresa. Incluso llegan a convencer a algunos de los trabajadores ya formados y con información privilegiada de la empresa para “irse con ellos” con la intención de aprovechar todos los conocimientos transmitidos y sistemas de trabajo creados por la empresa para la que todavía trabaja.

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Una vez provocado el despido por el desleal para incorporarse al nuevo destino, se dedican a hablar mal de ella, a descalificarla para intentar convencer al público, identificándose como antiguo trabajador de la empresa damnificada. Para quien puede caer en la trampa, en ocasiones se identifican como “los mismos”, por la incapacidad de alcanzar la estela de la empresa de recuperación de referencia.

Pero debe ser el cliente/proveedor el que, inteligentemente, compruebe por sí mismo el valor añadido que le dará trabajar con una empresa que es un referente en el mercado, sin dejarse llevar por rumores infundados repartidos por el oportunista, aunque está por demás decir que la empresa que no quiere trabajar con cualquiera, percibe inmediatamente la calidad del operador parasitario y elige en consecuencia.

Este tipo de competencia desleal que realiza el “competidor desesperado” lo único que provoca es una descalificación sobre sí mismo y sobre el sector de los chatarreros profesionales.

Ante esta clase de lacra no hay mejor receta que seguir con el esfuerzo hacia el trabajo original y bien hecho.

Estos competidores parásitos son, en el fondo, una variante de los competidores ilegales.

 

Fuente: RECEMSA

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