En lo que concierne al reciclaje de metales, existen multitud de formatos en los que puede gestionarse la chatarra para volver a producir otros productos. Ocurre con muchos metales, ya sea en aceros, bronce o hierro. Sin embargo, la viruta de aluminio, una de las materias primas metálicas más reciclables y recicladas del mundo, tiene un componente especial de aprovechamiento. Su proceso requiere investigación e innovación y para ello hay que contar con el capital técnico y humano necesario.

Un formato afable

Gestionar la chatarra de este metal y convertirla en viruta de aluminio no es sencillo. Al mismo tiempo, se trata de un formato muy optimizado. A nivel económico, por sus condiciones de peso (en viruta, el peso del metal es menor que en otros formatos teniendo como referencia la misma proporción del mismo) resulta más ahorrativo y módico. Sin embargo, para lograr que el material alcance la forma de viruta, es necesario trabajar la chatarra de una manera muy particular.

¿Cómo se procede?

En este punto, hay que tener en cuenta que la viruta de aluminio debe ser pura. Es decir, no debe contener restos de otros materiales o metales producto de su corte. Por ello, para separar unos componentes de otros se procede a realizar técnicas que requieren gran rigor profesional. En este caso, mediante la maquinaria necesaria para tal fin, se separará la viruta del fluido y de los demás metales que no sean aluminio.

Objeto de investigación

Este tipo de gestiones de chatarra no siempre fueron fáciles de lograr. Cada avance en su tratamiento ha venido dado por numerosos estudios de investigación. Un buen ejemplo de ello se sitúa en el año 2013 cuando la Universidad de Cambridge desarrolló un nuevo modo de separar el aluminio del resto de residuos metálicos y no metálicos en tan solo minutos mediante el calor.

 

Lo que está claro es que la chatarrería busca nuevos modos de optimizar la gestión de sus residuos. Por ello, la viruta de aluminio es un buen ejemplo de cómo el sector intenta aportar su granito de arena a la protección medioambiental creando formatos de chatarra cada vez más amigables con el ecosistema. El desafío será generacional y apasionante. ¿Te sumas?

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